lunes, 21 de enero de 2013

Cual flor que florece.. así es su amor...

-Ufff.. cansada del trabajo- dijo ella contestándole cuando le preguntó un cariñoso ¿cómo estás mi princesa?
-¿Quieres ir a comer algo?- dijo él.
- Sí claro, vamos.- sin negarse a uno de los indispensables placeres de la vida.
- ¿Dónde quieres ir?- sin perder el tono frenético preguntó.
- Mmm... con vos adónde quieras- habría dicho ella ¡claro!... pero en lugar dijo -¡sorpréndeme!- o bueno.. tal vez solo contéstó -a dónde tu quieras amorcito-... todos sinónimos...
-Ah si... yo conozco un lugar- fijándose en su navegador inalámbrico.

Camino a la montaña iban los dos, subiendo, subiendo, casi tocando las estrellas.  Muchas luces y colores, centelleantes bailaban en el firmamento como si nunca antes los hubiesen visto juntos.
Unas flechas, direcciones, carretera y al fin, ahí estaba el lugar, escondido cual tímido geranio bajo la luz de la luna.  Frío espacio, primero extraño vacío, pero luego... luego sigue la historia.

-La tercera es la vencida- quiso delatarse de alguna forma, cuando ella le preguntó que era ya una magnifica gira por todos los miradores del país.
-¿Vencer? ¿Qué quieres vencer?-preguntó -¿o es a mí a la que quieres vencer?- tratando de comprobar su teoría.
-No, no, yo ya te vencí... digo... te convencí de estar conmigo- risueño contestó.

Ah la bella vida de dos enamorados, inundando sus ojos con ambiciosas ilusiones, confirmando que ambos sienten lo mismo.

-¿Quieres ir a caminar? Hay un jardín muy bonito en la parte de atrás- planeadamente la invitó.
-Mejor no- dijo ella - hace mucho frío- contestó mientras pensaba que el mesero podría creer que no iban a pedir nada.
-Está bien- y le dio su chaqueta de cuero luego de extraer disimuladamente algo del bolsillo.

Ya la segunda pista parecía muy obvia... y ¿si es? y ¿si no es? ¿de rodillas?... ¡no!... se decía... ojalá lo haga otro día, no ando del mejor ánimo en "mis días"...

-voy al baño... ya regreso...- se fue, mientras él esperaba con ansias...

-Vamos aerdnA.. ¡ánimo! Todo está en la actitud con que se tomen las cosas- conversaba con la ella del espejo.- muy bien, si pasa bien.. y sino... ahi pasará luego... ¡pero con buena cara!... no vaya a ser que lo asustes y lo pongas más nervioso- se terapeó.

-¡Hola! ¡regresaste preciosa! ¿Todo bien por ahi?- - Sip, todo tranquilo...- sonriendo cálidamente.
-¿Te parece si nos movemos adentro? Hace frío por aquí-
-Claro, mientras pueda seguir disfrutando de esta hermosa vista... ¿por qué no?-

A la luz de las velas se asomaron dos típicos platos, acompañados de dos alegres bebidas y unos relucientes cuchillos que hacían notar la ansiedad con que se aproximaban los afilados elementos.

-Mmm... ¡esto es vida! Hacer y ser lo que se idealiza... ese es "El Secreto"- intelectualmente comentó él.
-Interesante apreciación, ojalá el postre esté igual de bueno-.  Más tarde la mezcla de leche con azúcar y coco no llenó exactamente las expectativas... en fin... nada de lo que pasara durante esa velada podría superar lo que ocurriría después.

Repasando la apretada agenda que se avecinaba, con compromisos de estudios y trabajo, se puso un poco tenso el ambiente. -Voy al baño- se fue ella
Volvió y el ya estaba pagando el precio de "vivir la buena vida". -La idea no era arruinar la noche con esas pequeñeces- pensó muy adentro mientras lo abrazaba en busca de una respuesta afirmativa.

-Vamos... tranquila... afuera está lindo- amorosamente contestó.
-Caminemos- dijo ella.

Afuera, un jardín los esperaba, en las inmediaciones del océano de estrellas y luces, mares de colores y sensaciones de larga espera.  Seguía haciendo frío. Él la abrazaba. Luego hablaban.

-He estado pensando...-se detuvo- ¿Quieres ser mi esposa?- directamente preguntó.

Ya para ese entonces ella sollozaba con gran recocijo, el sueño de tantos años se hacía realidad, era más que un principe en un país encantado, el corcel no era necesario y la joya... la joya sigue siendo hermosa... aunque no imprescindible. Él luego le confesaría que la había obtenido desde hacía mucho tiempo. No era el hecho de la joya, o el acontecimiento, eran las fichas que se jugaban, ya entrelazadas unas con otras, precisas en el tiempo y espacio.  El cosmos dirigía la orquesta, la brillante melodía resonaba en el interior y el Padre tiempo había marcado la hora.  ¡Ya era hora! Todo bajo el cielo tiene su hora... y esa era la de ellos.

-¡Sí!- exclamó ella.

Y el resto es historia...