miércoles, 22 de febrero de 2012

HOY es uno de esos dias para atesorar

(Discurso pronunciado en la graduación ordinaria del Instituto Tecnológico de Costa Rica el 22 de Febrero de 2012 en el Teatro Melico Salazar)

En un abrir y cerrar de ojos dejamos de ser niños y nuestros padres sin querer soltaron nuestras manos para dejarnos volar, siempre a la vista pero llegada la hora de emprender un camino, se hicieron a un lado para permitirnos vivir, experimentar y llevar por nosotros mismos la carga de la vida. Parece que fue ayer cuando siendo imberbes colegiales, empezamos a soñar con la vida universitaria y lo que esta traería, sin saber con certeza cuál sería el futuro que nos esperaba.

Dejamos a padre y a madre, hermanos, tíos, primos y vecinos, novias, novios y hasta mascotas, la comodidad de nuestro hogar y de nuestra confortable vida, y emprendimos una de las mejores aventuras que un ser humano puede vivir. Cambios, cambios y más cambios, nuevo lugar, nueva comida, nuevas personas, nueva vida… mas llevando en el pecho tallado un nombre, un apellido, una ciudad, un país, una identidad; enarbolado en el corazón el orgullo de lo que somos y de dónde venimos, eso… ¡Eso nunca cambia!

Entregamos en manos de esta institución nuestros sueños, esperanzas e ilusiones, con la promesa de que al finalizar nuestras metas serían alcanzadas con gran satisfacción. Al inicio parecía ser una carrera interminable y no veíamos la hora para que finalizara, mas al culminar no deseamos que acabe ¡qué paradoja la de la vida! Sin duda alguna no cambiaríamos por nada nuestra vida universitaria, llena de emociones y nuevos sentimientos, amores y desamores, amistades y enemistades, grandes alegrías y profundo enojo, gritos mudos y aturdidores susurros de liberación, inolvidables aromas, colores y figuras, memorables lugares y sobre todo de su cálida compañía.

¡Cómo olvidar las noches sin sueño o los días sin vida! Las vacaciones doradas que parecían nunca avecinarse o los bellos veranos inmersos en números y letras; escaso dinero e insaciable apetito, ese curso repetido y ese profesor obstinado. ¡Qué hermosos recuerdos! Pero sería pecado capital transportar al presente solamente los que parecían ser lúgubres días, de lluvia perpetua y viento feroz. Más hermoso el recuerdo de esa sonrisa, de esa palmada en la espalda, de ese abrazo, de esa hora del café, de esa risa contagiosa o esa amena e interminable conversación, esa canción y ese baile. La satisfacción de un examen ganado, una prueba superada, en fin… de una meta alcanzada.

Pero aún más penoso sería olvidar a aquellas personas que hicieron posible que estemos hoy aquí, nuestros padres, hermanos y hermanas, familiares en general, amigos y amigas, compañeros, profesores, mentores, quien quiera que haya de alguna u otra forma influenciado y aportado de manera significativa para que hoy obtengamos este título. A todos y todas gracias. A nuestro Dios, ese Ser Supremo, de quien todas las más divinas y perfectas creaciones testifican de su existencia, desde el átomo hasta la infinidad del universo, quien nos dio la vida y nos permite día con día seguir viviendo, a El gracias.

No en vano pasamos horas, días, semanas, meses y años, algunos más que otros sí, pero al fin y al cabo dando pasos, pequeños y grandes, lentos y apresurados, pasos que nos acercaban cada vez más a la meta. “Todo esfuerzo era ya en realidad un éxito”.

No es casualidad que estemos hoy aquí recibiendo este título, justo en este momento, en este lugar y con las personas que nos rodean. Todo en nuestra vida tiene un propósito, y vivir no es más que encontrar los propósitos de cada una de las cosas que ocurren, a veces disfrazadas de coincidencias y/o casualidades. Sin embargo en la búsqueda de esos propósitos nos damos cuenta de lo que es realmente importante, y lo superfluo queda en el olvido.

Cuando las vicisitudes atacan con mayor furor es cuando realmente podemos atesorar lo maravilloso de nuestra existencia y lo que es en verdad duradero. Los pequeños actos de gratitud y de servicio al prójimo, la amistad verdadera que trasciende el espacio y el tiempo, el amor incondicional y la maravilla de las creaciones que nos rodean, son de esas verdades absolutas y eternas que no se desvanecen con lo terrenal.

Entramos en esta institución con un nombre, con nuestro nombre, nuestra identidad, y salimos hoy con un agregado, con el nombre del Instituto Tecnológico de Costa Rica plasmado en nuestros semblantes, siendo ahora representantes de una de las más grandes y prestigiosas casas de enseñanza de nuestro país. Nuestra alma máter que nos acogió en sus brazos desde el principio, la cual se convirtió en un ente vivo, un ser cambiante y dinámico, fue una con nosotros y nos proporcionó lo necesario para defendernos ante un mundo lleno de complicaciones pero sobre todo de oportunidades; donde lo importante es saber a dónde queremos llegar, pues de lo contrario realmente no importa donde lleguemos.

Ha sido siempre nuestra responsabilidad, y ahora con un mayor peso, la de ser críticos ante los problemas que día a día aquejan a nuestra sociedad, a nuestras familias y comunidades, y por lo tanto debemos siempre pensar ¿qué hemos hecho al respecto para ser parte de la solución? O ¿Qué haremos entonces para serlo? Y que esta no sea solamente una reflexión del día a día sino en verdad un principio de acción. Porque lo cierto es que el mundo no va a cambiar si nosotros no lo hacemos. Bien dijo Mahatma Gandhi que debemos ser el cambio que deseamos ver en el mundo.

Ahora salgamos al mundo a cosechar los frutos de nuestros sacrificios y esfuerzos, pero también a regar nuevas semillas y a segar nuevas cosechas. Propongámonos dar siempre lo máximo de lo mejor de nosotros mismos en cada una de las nuevas responsabilidades que tengamos, siempre con gran profesionalismo, bajo los estandartes de la justicia, la honestidad y la transparencia, siendo respetuosos y sobre todo exigiendo reciprocidad. ¡Que no existan tales excusas como la relatividad de la moral y la ética! no debemos dar cabida en nuestro ámbito profesional ni personal para la corrupción o tratos ilícitos e inmorales en ninguna medida. Cada uno de nosotros está en sus plenas facultades para hacer lo que es correcto.

Seamos valientes en defender siempre lo que creamos verdadero y correcto, seamos parte de la solución y sobre todo seamos estandarte para el mundo que nos rodea, y fieles testigos de que la educación es en verdad la clave del éxito y la llave para mejorar la situación socioeconómica de toda sociedad, una inversión que traerá ganancias por generaciones de generaciones. ¡Que atesoremos en nuestros corazones lo que es realmente importante y duradero!

Graduados 2012, ¡HOY es uno de esos grandes días para atesorar!
Muchas gracias.

Andrea Navas Asturias